• Verónica Santos

¿Son coeducativas las familias de nuestr@s alumn@s?

Cuando nos planteamos desde los centros de enseñanza educar en igualdad no podemos obviar el poder socializador que ejerce la familia sobre nuestro alumnado. Prácticamente, desde que se conoce el sexo del bebé durante el embarazo, las familias empiezan a generar expectativas relacionadas con este. Numerosos estudios han avalado las diferencias de comportamiento de los padres cuando se dirigen a un bebé niño o a un bebé niña, lo que cuestiona, una vez más, si los comportamientos típicamente femeninos y masculinos son una imposición cultural o una necesidad biológica. Por ejemplo, está demostrado que, como regla general, a los bebés varones se les zarandea más, o a las niñas se las acuna más. Es decir, los bebés son tratados de forma diferente desde antes de nacer solamente por tener un sexo u otro. En este vídeo podemos ver un experimento realizado con bebés vestidos con ropa rosa o azul y el impacto que generaban en personas ajenas al experimento.


Estas diferencias en la educación se hacen presentes no solo en el nacimiento, sino que van marcando la niñez (por ejemplo, con las actividades extraescolares a las que se apunta a las niñas o niños), y la adolescencia (por ejemplo, con la permisividad que se otorga a la hora de salir por la noche sea chico o chica), pero, ¿es hoy en día igual que hace 20 años? La respuesta, por suerte, es negativa.

En algunas investigaciones realizadas que analizan la perspectiva de género en la educación que las familias dan a sus hijos se puede ver una mejora significativa en la disminución de los estereotipos de género al educar. Para analizar la realidad de las familias se les pidió valorar la adherencia a ciertas afirmaciones tales como "Las mujeres son unas maniáticas de la limpieza"; "Las niñas que realizan actividades propias de hombres son unas machorras"; "Cuando tengo que regalar juguetes es importante para mí saber el sexo" o "No es deseable que un niño realice actividades que son más propias de niñas (jugar con muñecas, …)", entre otras.

A la luz de los resultados obtenidos, se observa que el porcentaje de madres coeducadoras es de un 39,6%, frente al porcentaje de padres del 30,5%; así como un 20,6% de hijos con conciencia de igualdad de género frente a un 46,3% de las hijas. Es un buen escenario para trabajar, aunque se ve el sesgo de género presente (sobre todo alarmante la diferencia entre hijos e hijas).

Concretamente, se detectan como principales puntos de mejora la gran falta de implicación de los padres en determinadas tareas domésticas y colegiales y el uso sexista que todavía se hace y alienta de juegos y compra de juguetes estereotipados en cuanto al género.


Para solucionar estos problemas, se propone impartir a las familias talleres de coeducación y corresponsabilidad familiar, que no solo fomenten la igualdad y el reparto equitativo de tareas domésticas de los progenitores, sino también la implicación igualitaria de los hijos e hijas.

Como educadores y educadoras o docentes de cualquier etapa educativa no podemos dejar de lado la realidad que viven nuestro alumnado cuando acaba la jornada escolar, y eso por ello que, hoy más que nunca, nuestra escuela tiene que ser un espacio que fomente la igualdad efectiva entre hombres y mujeres.


Os dejo aquí y aquí algunos de los estudios que he tenido en cuenta para redactar este post.

©2020 por Coeducando.

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